Consejos de salud

La esperanza de vida de la población española anciana es una de las más elevadas del mundo. Este hecho, en principio positivo, también está detrás del incremento de las enfermedades crónicas y de algunas patologías de las que ya hemos hablado en este blog, como el alzheimer. La calidad de vida se mantiene hasta los 62 años de media en el caso de las mujeres, y los 60 en los varones.

Ante la evidencia, uno de los retos principales para las personas mayores está en lograr mantener la calidad de vida el mayor tiempo posible e incrementar las cifras medias. Para ello, tenemos que comprometernos directamente con la salud en aquellos apartados que podemos gestionar, como son la alimentación y el ejercicio físico.

Con una conducta responsable en estos dos aspectos, es posible conservar una salud razonablemente buena por mucho más tiempo del que pensamos, sin que se tenga que dejarse todo en manos de la medicina. En esta entrada vamos a hablar del ejercicio.

La actividad física nos puede ayudar a mantenernos y encontrarnos mejor. Todavía hoy, los científicos siguen asombrándose del potencial deportivo que seres humanos albergan incluso a edades muy avanzadas. No se trata de adquirir la condición de atleta, pero con un programa de ejercicios progresivo y sostenido, pueden mejorarse notablemente muchos de los signos de la vejez y el deterioro musculo-esquelético. Además, se ayuda a prevenir problemas de salud y a favorecer una longevidad mucho más vital.

Entre otros beneficios, la actividad física logra efectos positivos en dolencias como las cardiopatías isquémicas, la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la osteoporosis y enfermedades de orden psíquico (depresión, ansiedad y estrés). Asimismo, aumenta la capacidad ventilatoria y la oxigenación, y reduce la atrofia muscular. Por otro lado, es positiva para la actividad intelectual y contribuye a prevenir futuros problemas en la memoria.

Si llevamos mucho tiempo sin hacer ejercicio, lo primero que debemos desterrar es la creencia de que ya no podemos retomar el deporte. Siempre se puede recuperar, pero de acuerdo con nuestra edad y estado físico. Es importante no caer en rutinas intensivas y ocasionales, fruto del primer empujón. Hay que regresar de forma progresiva, con una frecuencia constante sin marcarnos metas ambiciosas y competitivas. No obstante, en el deporte siempre hay que fijar unos objetivos y orientar nuestro trabajo hacia ellos para no caer en la rutina y, por tanto, no incentivar la mejora.

¿Y qué tipo de actividades pueden llevarse a cabo? Aunque parece un tópico, es cierto que caminar durante un mínimo de 30 minutos al día es una práctica básica muy recomendable para todo el mundo. Otros ejercicios de corte aeróbico como la natación o la bicicleta estática son idóneos para ejercitarnos de manera saludable y sin riesgo.

Más allá, están disciplinas más sofisticadas, que requieren un plan de trabajo sistemático y el apoyo de un entrenador, como la gimnasia programada, la musculación, el taichi, o el yoga, entre otros. En términos generales, es conveniente dejar de lado actividades con cierto riesgo, como el ciclismo de carretera o montaña, el running o cualquier deporte en el que una caída o un sobreesfuerzo cause más desventajas que beneficios.

La clave está en mantener una vida activa, y existen mil maneras de realizarlo.