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La demencia es un fenómeno que crece en las sociedades desarrolladas, en parte debido al aumento de la esperanza de vida de las personas. En el último período de su ciclo vital, un porcentaje de ellas experimenta signos de demencia, bien por el Alzheimer o por otro tipo de patologías. Un informe reciente señala que en 2016 había en España 900.000 personas con demencia y que con un ritmo de crecimiento superior al 2%, para 2040 serán 1,5 millones.

El escenario es preocupante si tenemos en cuenta que, hoy día, un paciente con esta enfermedad tiene un coste superior a los 24.000 euros anuales. “De esta cantidad, casi el 71 por ciento (17.052 euros año por afectado) correspondería a gasto privado que recae en las propias familias como consecuencia, fundamentalmente, de los cuidados sociales informales, que a su vez suponen el 65 por ciento de todo el coste social de la demencia (15.724 euros por paciente)”, indican en el estudio.

Para llegar a la totalidad de la cifra hay que sumar el coste de los cuidados formales y de los medicamentos, que también en mayor medida son soportados por las familias. La Administración Pública y otras entidades sociales solo se hacen cargo de menos del 30 % de los costes globales, lo que deja a los familiares de los enfermos en situación muy precaria. No solo tienen que hacer frente a gastos elevados, sino sobre todo tienen que asumir una carga personal que tiene consecuencias negativas sobre sus circunstancias personales y profesionales.

En ese sentido, los expertos señalan que hay que profundizar en las “estrategias sobre enfermedades neurodegenerativas puestas en marcha desde el sector público” para mejorar los niveles de asistencia social y apoyo económico. Asimismo, necesitamos hacer un esfuerzo de concienciación social sobre estas patologías para favorecer que se hagan diagnósticos más precoces y para que la población participe activamente en las políticas de prevención. Sabemos que una dinámica de envejecimiento activo, por la que las personas tratan de mantener sus hábitos físicos e intelectuales durante toda su vida adulta, es una gran aliada para luchar contra la demencia y contribuir a retrasar su aparición.