La tensión arterial es uno de los indicadores de salud que conviene vigilar con regularidad, especialmente a partir de los 60 años. La hipertensión es frecuente en personas mayores y, en muchos casos, no produce síntomas evidentes.
Precisamente por eso se la considera un factor de riesgo silencioso: puede afectar al corazón, al cerebro, a los riñones y a los vasos sanguíneos sin que la persona note molestias claras durante mucho tiempo.
Controlar la tensión no significa vivir pendiente del tensiómetro, sino conocer las cifras habituales, seguir las indicaciones médicas y mantener rutinas saludables. De forma orientativa, se considera hipertensión arterial cuando las cifras son iguales o superiores a 140/90 mmHg, confirmadas en varias mediciones.
La medición debe realizarse correctamente para que el dato sea fiable: en un ambiente tranquilo, tras unos minutos de reposo, con la espalda apoyada, los pies en el suelo y el brazo a la altura del corazón. Hablar, moverse o tomar la tensión con prisas puede alterar el resultado. Las autoridades sanitarias señalan que incluso conversar durante la medición puede modificar las cifras de presión arterial.
Además de la hipertensión, también pueden aparecer bajadas de tensión, especialmente en personas con tendencia a marearse al levantarse, en quienes toman determinados medicamentos o en situaciones de deshidratación.
Estas bajadas pueden provocar inestabilidad y aumentar el riesgo de caídas. El calor, sobre todo en verano, puede favorecer este problema porque aumenta la sudoración, la pérdida de líquidos y la dilatación de los vasos sanguíneos. Sanidad recuerda que las altas temperaturas afectan especialmente a personas mayores y enfermos crónicos, y recomienda mantenerse fresco e hidratado.
Entre las señales de alerta que conviene vigilar están el dolor de cabeza intenso, mareos repetidos, visión borrosa, palpitaciones, falta de aire, dolor en el pecho, debilidad repentina, confusión, desmayo o sensación de pérdida de equilibrio. También debe consultarse si las cifras de tensión aparecen de forma repetida muy elevadas o muy bajas, o si los síntomas surgen después de levantarse, caminar, hacer esfuerzo o exponerse al calor.
En el día a día, algunas rutinas ayudan a cuidar la tensión arterial. Mantener una alimentación equilibrada, reducir el exceso de sal, beber agua con regularidad, caminar o realizar actividad física adaptada, evitar el tabaco, moderar el alcohol y dormir bien son medidas básicas. También es importante tomar la medicación tal y como ha sido pautada y no modificarla sin consultar, aunque las cifras varíen en determinados momentos.
En verano conviene añadir algunas precauciones: evitar las horas centrales del día, no realizar esfuerzos intensos con calor, buscar sombra, vestir ropa ligera y beber agua aunque no se tenga sed. Si aparecen mareos, debilidad o sensación de desmayo, lo más prudente es sentarse o tumbarse, refrescarse, hidratarse poco a poco y pedir ayuda si los síntomas no ceden.






