Con el paso de los años cambian muchas cosas, y nuestra relación con la alimentación también puede hacerlo. Es frecuente que disminuya el apetito, que gastemos algo menos de energía o que determinados alimentos ya no nos sienten exactamente igual que antes. Por eso, a partir de los 60 años conviene prestar especial atención a la calidad de lo que comemos.
Una alimentación variada y equilibrada contribuye a mantener la energía necesaria para afrontar las actividades cotidianas y proporciona al organismo proteínas, vitaminas, minerales, fibra y otros nutrientes esenciales. Las recomendaciones actuales insisten precisamente en priorizar alimentos de buena calidad nutricional y mantener una dieta variada, con una importante presencia de verduras, frutas, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
Las proteínas ganan importancia
Uno de los aspectos que debemos cuidar especialmente con la edad es el consumo de proteínas. El mantenimiento de la masa muscular resulta fundamental para conservar fuerza, movilidad y autonomía. Por eso es recomendable incorporar regularmente alimentos que las aportan, como pescado, huevos, legumbres, carnes magras o productos lácteos.
Además, alimentación y actividad física forman un buen equipo. Caminar, realizar ejercicios adaptados y, especialmente, mantener la fuerza muscular ayuda a aprovechar mejor los beneficios de una alimentación adecuada.
No debemos olvidarnos de beber
La sensación de sed puede reducirse con la edad. Por este motivo, esperar a tener sed no siempre es la mejor referencia para beber agua. Conviene incorporar la hidratación a las rutinas cotidianas: beber al levantarse, acompañar las comidas con agua ( o justo antes o después) o tenerla a mano durante el día son hábitos sencillos que pueden ayudar.
La hidratación constituye, junto con una nutrición adecuada, uno de los aspectos a los que las recomendaciones internacionales conceden especial importancia durante el envejecimiento.
Una alimentación saludable no debería convertirse en una sucesión de restricciones. La comida forma parte del bienestar, de nuestras costumbres y también de nuestra vida social. Cocinar, probar nuevos platos o compartir una comida con otras personas contribuye a que alimentarnos siga siendo una experiencia agradable.
Es decir, cumplir años no implica renunciar al placer de comer. Hay que prestar algo más de atención a aquello que ponemos en el plato para seguir disfrutando de nuestra capacidad para mantenernos activos, independientes y disfrutar de la vida cotidiana.



