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Según datos oficiales, se estima que alrededor de 50 millones de personas sufren de demencia. En una cantidad puede triplicarse hacia 2050, en función de la eficacia de las medidas para evitarla. Se trata de una patología que afecta más a la población de países en los que predominan las rentas medias y bajas, donde parece más difícil paliar los efectos de los factores de riesgo.

En una reciente Conferencia Internacional sobre el Alzheimer se ha llevado a cabo una revisión de los factores de riesgo que pueden conducir a la demencia. A los nueve ya declarados, se han añadido tres más: la ingesta excesiva de alcohol, la exposición continuada a la contaminación del aire y los traumatismos cerebrales.

Los expertos han constatado que los niveles de demencia parecen descender en aquellos países donde se han adoptado políticas sanitarias encaminadas a reducir o erradicar conductas que constituyen un riesgo para la demencia. Los cambios en los hábitos de nutrición o de estilo de vida (fomento del deporte, lucha contra el tabaquismo y el consumo de alcohol), pueden contribuir a la disminución de las tasas de demencia, por lo que hay cierto optimismo sobre la evolución futura de estas patologías si se impulsan actuaciones en este sentido.

Así lo señalan los participantes en este congreso, para quienes «los esfuerzos para reducir las desigualdades y la creación de entornos activos y saludables para las comunidades, donde la actividad física sea la norma, junto a una dieta más saludable y accesible para todos y la reducción del consumo de alcohol, son medidas que redundarán en una menor carga social y sanitaria».

Conviene recordar las recomendaciones para minimizar el riesgo de demencia, para que sean conocidos por la población:

  • Mantener la presión arterial sistólica en 130 mm Hg o menos a partir de los 40 años.
  • Fomentar el uso de audífonos para la pérdida auditiva y reducir esa posible pérdida auditiva protegiendo los oídos de los niveles elevados de ruido.
  • Reducir la exposición a la contaminación del aire y al humo de tabaco de segunda mano.
  • Prevenir contusiones en la cabeza.
  • Limitar el consumo de alcohol a menos de 21 unidades por semana.
  • Dejar de fumar y ayudar a las personas a que dejen de fumar (beneficioso a cualquier edad).
  • Proporcionar a todos los niños educación primaria y secundaria.
  • Llevar una vida activa en la madurez y en la ancianidad.
  • Reducir la obesidad y la diabetes.
  • Evitar la ingesta excesiva de alcohol.
  • Prevenir los traumatismos cerebrales.
  • Reducir la contaminación ambiental.

En definitiva, no debemos olvidar que un compromiso personal con la salud es una de las mejores terapias para prevenir esta y otras enfermedades.